The beige years of vogue

The beige years of vogue

Mucho nos han contado los medios sobre las editoras de Vogue Anna Wintour y Diana Vreeland, cualquier persona como nosotras que siente interés por la moda ha escuchado hablar de ellas y se ha inspirado por su trabajo. Sin embargo, poco nos han informado sobre lo que ocurrió en las oficinas de Condé Nast durante los diecisiete años que separan el legado de estas dos mujeres. El nombre de Grace Mirabella no es reconocible para muchas personas, su trabajo en la editorial que en esa época era dirigida por Alexander Liberman ha vivido bajo la sombra debido a conflictos en cuanto a ideales creativos.

Sabemos que la controversia es un tema común en esta industria y la estadía de Mirabella en Vogue no fue la excepción. Cuando fue contratada como editora en jefe de la revista, había estado trabajando como asistente de Vreeland por diecinueve años. Sin embargo, no faltaron las críticas al respecto debido a que ella provenía del mundo de los negocios (su carrera comenzó en los departamentos de ventas de tiendas como Macy’s y Saks Fifth Avenue). Su trayectoria en un campo diferente al editorial la convirtió en una mujer que creía que el estilo no tenía nada que ver con la marca de las prendas que se llevan puestas, consideró que la publicación no debía enfocarse en mujeres de clase alta que usualmente compraban sus prendas en Paris, una realidad no muy lejana de la que se presenta en nuestra época. Cultura e intelecto son las palabras que definen perfectamente su ideal para Vogue, quería que sus lectoras no se adaptaran al molde de la mujer tradicional, exactamente lo que yo busco con las mías. Grace siempre quiso promover marcas norteamericanas como Calvin Klein y Geoffrey Benne, buscó proyectar una imagen práctica y moderna con ropa más sencilla y fácil de usar. Sus esfuerzos se vieron opacados en la década de los ochenta cuando diseñadores como Lacroix volvieron a impulsar los excesos y el lujo en la moda.

Para la misma época los conflictos con su jefe aumentaban, su concepto para la revista era visto como “blando”, tanto así cuando actualmente nos referimos a su trabajo hablamos de “los años beige de Vogue”. El punto más dramático en la vida de Mirabella fue posiblemente cuando se enteró por su esposo –quién vió a la periodista de chismes Liz Smith en televisión nacional– de que Liberman había contratado a una mujer mucho más joven llamada Anna Wintour para reemplazarla. Siendo sinceras, sabemos que actualmente si algo así pasara, probablemente involucraría un tweet o alguna actualización de estado en Facebook. La labor de Grace no obtuvo mucho reconocimiento, aunque gracias a ella la circulación de las ediciones pasó de cuatrocientos mil a un millón doscientos mil de copias mensualmente (podríamos suponer que no se trataba de una cuestión únicamente de dinero). La noticia de su salida de Condé Nast no parece haber sido bien recibida por ella de acuerdo a como se ha expresado en los últimos años cuando se le pregunta por el tema, sin embargo no podemos juzgarla porque después de haberle dado treinta y seis años de su vida a un trabajo, creo que la mayoría de nosotras esperaríamos un poco más de diplomacia.

 

Imagen: www.pexels.com

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