La emperatriz Vreeland

La emperatriz Vreeland

Diana Vreeland es probablemente el ícono más representativo del mundo de la moda, que a pesar de haber muerto hace más de veinte años escondiéndose de sus amigos reacia a ser vista como una simple mortal, vive presente en la mente de cada uno de los que aprecia el arte de lo que se lleva puesto. 

La editora alguna vez dijo que lo primero que debía hacerse para ser una mujer encantadora, era nacer en París. Diana nació en julio de 1903 en la ciudad insignia de la belle epoque aunque terminó pasando su vida viajando por el mundo, lo que según dijo ella se convirtió en su única educación. Si alguien preguntara por la definición de la palabra visión, definitivamente se tendría que incluir a Diana Vreeland, no como nombre sino como personaje. Tenía una fascinación por los ballets rusos y la cultura japonesa, incluso insinúo que todas las mujeres deberían ser entrenadas con la gracia de una geisha. Su carrera en el mundo de la moda no fue algo que ella esperaba, su vida giró alrededor de las cosas bellas y gracias a eso obtuvo un trabajo como editora en Harper’s Bazaar, es verdad que si no se hubiese mudado de Londres a Nueva York debido a la Segunda Guerra Mundial, Carmel Snow nunca la hubiera conocido. Pero fue el vestido Chanel que llevaba puesto cuando bailaba en el hotel St. Regis lo que llamó la atención de la directora de la revista y lo que le permitió trabajar para ella por los siguientes veinticinco años de su vida. Comenzó con su columna Why don’t you… en la que sugería acciones extravagantes a las lectoras como el hecho de lavar el cabello de los niños con champaña para mantener su color dorado, al fin y al cabo era lo que se hacía en Francia. Rápidamente ascendió hasta convertirse en editora de moda hasta que en 1963 decidió que no era suficientemente valorada y comenzó su nueva vida en Vogue.

Nadie realizaba editoriales como ella, fotógrafos como Richard Avedon y David Bailey seguían sus ordenes puesto que Diana, no solía recomendarle que hacer a sus colaboradores, simplemente les daba ordenes. El reinado de la emperatriz Vreeland parecía terminar cuando salió de Vogue, sin embargo el mundo de la moda no vería lo ultimo de ella. El Museo Metropolitano de Arte de Nueva York decidió contratarla en 1971 como la encargada de The Costume Institute, allí realizó exposiciones increíbles a las que ella llamaba editoriales en tres dimensiones, de estas pueden destacarse El Mundo de Balenciaga en 1973, La gloria del Traje Ruso en 1976, y Vanity Fair en 1977. Hacia el final la década del ochenta se vieron sus últimos aportes hacía la industria de la moda.

 

Imagen: Kristine en www.flicker.com

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